La velocidad del cambio tecnológico está redefiniendo la forma en que las organizaciones operan, compiten y generan valor. Durante LINKS 2026, el encuentro anual de líderes empresariales y tecnológicos organizado por Liberty Networks, una de las intervenciones más destacadas fue la de Paul D. Roberts, futurista reconocido internacionalmente por su trabajo en tendencias tecnológicas y transformación empresarial.
Durante su presentación, Roberts invitó a los asistentes a reflexionar sobre una pregunta provocadora: ¿qué pasaría si los próximos diez años trajeran el mismo nivel de transformación que la humanidad experimentó durante el último siglo? A partir de esa premisa, compartió una visión sobre cómo la inteligencia artificial, la computación cuántica, la robótica y las nuevas infraestructuras digitales están acelerando la transformación económica y empresarial a una velocidad sin precedentes.
La inteligencia artificial ya está transformando la forma de trabajar
La inteligencia artificial está modificando la relación de las personas con el conocimiento y el trabajo. Lo que hasta hace pocos años era considerado una tecnología emergente hoy comienza a convertirse en una extensión natural de las capacidades humanas. De hecho, durante su presentación destacó que “la inteligencia artificial más básica que tendremos es la que usamos hoy”, una reflexión que pone en perspectiva la magnitud de los cambios que aún están por venir.
Esta evolución va mucho más allá de la automatización tradicional. Las organizaciones están comenzando a pasar de entornos basados en herramientas individuales a ecosistemas de agentes inteligentes capaces de coordinar tareas, intercambiar información y ejecutar procesos completos de forma autónoma. Bajo esta visión, “somos la última generación que solo administrará equipos humanos”, una realidad que obligará a replantear la forma en que se ejerce el liderazgo empresarial.
La infraestructura será determinante para la próxima década
Otro de los grandes temas abordados durante LINKS 2026 fue la necesidad de construir la infraestructura capaz de soportar la próxima generación de aplicaciones basadas en inteligencia artificial.
A medida que convergen nuevas tecnologías de procesamiento, automatización e inteligencia artificial, la demanda global de conectividad, almacenamiento y capacidad de cómputo continúa creciendo de manera acelerada. En ese contexto, advirtió que “estamos viviendo los tiempos más lentos que volveremos a experimentar”, una frase que resume la velocidad con la que evolucionarán los mercados y las tecnologías durante los próximos años.
El mensaje fue contundente: la conectividad robusta, la capacidad de procesamiento y el acceso a ecosistemas tecnológicos avanzados dejarán de ser ventajas competitivas para convertirse en requisitos indispensables. Las organizaciones que no cuenten con la infraestructura adecuada difícilmente podrán adoptar estas tecnologías a escala y capturar todo su potencial.
Para América Latina y el Caribe, responder a esta demanda implica continuar fortaleciendo la infraestructura crítica que permitirá escalar la economía digital. Proyectos como MANTA, el nuevo sistema submarino panregional de alta capacidad impulsado por Liberty Networks junto a sus socios estratégicos, y la modernización de MAYA-1.2, diseñada para incrementar resiliencia, capacidad y diversidad de rutas, reflejan cómo la infraestructura evoluciona para acompañar el crecimiento exponencial del tráfico digital y las nuevas exigencias de la inteligencia artificial.
Lo que la inteligencia artificial no puede reemplazar
A pesar de la velocidad de los avances tecnológicos, una de las conclusiones más relevantes de la sesión fue que el futuro seguirá dependiendo de capacidades exclusivamente humanas. Si bien muchas tareas repetitivas serán automatizadas, aspectos como la creatividad, el criterio, la empatía, la visión estratégica y la capacidad de generar confianza continuarán siendo elementos fundamentales para el liderazgo empresarial.
Por ello, hizo un llamado a las organizaciones a desarrollar una visión de largo plazo que combine innovación tecnológica con propósito humano. La ventaja competitiva del futuro no dependerá únicamente de adoptar nuevas herramientas antes que los demás, sino de comprender cómo utilizarlas para generar valor y movilizar personas hacia objetivos compartidos.
Como resumió al final de su intervención, “debemos defender y promover aquello que nos hace humanos”. En un mundo impulsado por inteligencia artificial, la combinación de infraestructura, innovación y liderazgo será determinante para construir organizaciones preparadas para competir y prosperar en la próxima década.

