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¿Quién protege a la tecnología que protege a tu empresa?

Por Claudio Martinelli, director general para Américas en Kaspersky

Claudio Martinelli, Director General de Americas en Kaspersky

Durante años, la principal preocupación de los responsables de seguridad fue proteger a sus organizaciones de los ciberataques. Hoy, una nueva pregunta empieza a ganar relevancia: ¿qué tanto control tienen realmente sobre las tecnologías encargadas de protegerlas? Esa pregunta da origen a un concepto que está cobrando cada vez más importancia: la soberanía en ciberseguridad.

A medida que las amenazas cibernéticas se han vuelto más sofisticadas, las plataformas de ciberseguridad también han adquirido un papel cada vez más estratégico dentro de las organizaciones. Durante años, los responsables de seguridad (CISOs) evaluaban estas tecnologías con una sola pregunta: ¿este producto puede proteger a mi organización? Hoy, esa evaluación incorpora una segunda interrogante igual de importante: ¿quién está detrás de la tecnología en la que confío para proteger a mi organización?

Las plataformas de ciberseguridad han dejado de ser simples herramientas de software. Hoy cuentan con acceso privilegiado a los sistemas de las organizaciones, procesan información sensible de seguridad, distribuyen actualizaciones y participan cada vez más en la toma de decisiones automatizadas para responder a incidentes. Esta evolución ha dado lugar a un nuevo desafío: la gobernanza de estas tecnologías. Los responsables de seguridad ya no solo necesitan confiar en que sus plataformas detecten eficazmente los ataques, sino también en que sean confiables, transparentes y resilientes durante todo su ciclo de vida operativo.

Este escenario plantea inquietudes que hace apenas unos años tenían mucha menor relevancia, entre ellas: ¿dónde se procesa y almacena la información de seguridad recopilada por estas plataformas?  ¿Qué jurisdicciones podrían tener autoridad legal sobre esos datos sensibles? ¿Cómo se desarrollan, verifican y distribuyen las actualizaciones de software? ¿Qué nivel de transparencia ofrecen las tecnologías encargadas de proteger a las organizaciones?

La inteligencia artificial amplifica aún más estas preguntas. Si bien mejora la capacidad para detectar amenazas y responder a los incidentes, también incrementa la dependencia de modelos complejos, grandes volúmenes de datos y procesos automatizados de toma de decisiones. Estos desafíos son especialmente relevantes para operadores de infraestructura crítica, instituciones financieras, empresas de telecomunicaciones, gobiernos y cualquier organización donde un fallo en la seguridad pueda afectar directamente la continuidad de sus operaciones.

Ante este panorama, algunas organizaciones han optado por reforzar el control interno mediante arquitecturas híbridas, implementaciones locales (on-premises) o el fortalecimiento de sus propias capacidades de seguridad. Sin embargo, alcanzar una independencia total es poco realista. Una protección eficaz frente a las amenazas cibernéticas requiere inteligencia global sobre amenazas, investigación continua, análisis de malware y un nivel de especialización que la mayoría de las organizaciones difícilmente puede desarrollar por sí sola.

Del mismo modo, sustituir herramientas comerciales por alternativas de código abierto no elimina automáticamente los riesgos, ya que la seguridad de la cadena de suministro del software, la gestión de vulnerabilidades, las actualizaciones y la garantía de la tecnología siguen siendo aspectos que deben administrarse de forma permanente.

Por ello, el objetivo no es alcanzar una independencia tecnológica absoluta, sino garantizar que las tecnologías de las que depende una organización sean transparentes, puedan mantenerse bajo control y sean resilientes. Esa es, precisamente, la esencia de la soberanía en ciberseguridad. Este concepto no implica rechazar los servicios en la nube ni prescindir de proveedores externos; significa conservar un control real sobre las capacidades de seguridad, entender dónde se procesan los datos, cómo funcionan las tecnologías, qué dependencias existen y cómo garantizar la continuidad de las operaciones de seguridad frente a cambios en el entorno empresarial, regulatorio o geopolítico.

En Europa, América Latina, África, Asia-Pacífico, Oriente Medio, Rusia, China y otras regiones del mundo, la necesidad de mantener el control sobre las tecnologías críticas es cada vez más relevante. Para los responsables de seguridad (CISOs), esto amplía el concepto de ciberresiliencia, que ya no se limita a detectar amenazas, sino que también implica: mantener el control sobre la infraestructura de seguridad y el manejo de los datos, contar con transparencia sobre el desarrollo y el funcionamiento de las tecnologías utilizadas, reducir la dependencia de factores externos que puedan comprometer la continuidad de las operaciones de seguridad.

Reconocer la importancia de la soberanía en ciberseguridad es solo el primer paso. El siguiente consiste en fortalecerla sin comprometer la eficacia de la protección, la agilidad operativa ni la capacidad de innovar. No existe un único modelo válido para todas las organizaciones: mientras algunas optan por plataformas en la nube, otras requieren implementaciones on-premises o arquitecturas híbridas para responder a necesidades operativas o regulatorias específicas.

Más allá de la infraestructura, las organizaciones necesitan visibilidad sobre aspectos como el tratamiento de sus datos, la forma en que se desarrollan y actualizan las tecnologías de seguridad y las dependencias que pueden afectar la continuidad de sus operaciones. Como han demostrado los ataques a la cadena de suministro de software, la confianza ya no puede basarse únicamente en la reputación de un proveedor. También requiere transparencia y la posibilidad de verificar cómo funcionan las tecnologías encargadas de proteger el negocio.

Del mismo modo, la independencia no significa operar de forma aislada. Una estrategia de ciberseguridad eficaz sigue dependiendo de inteligencia global sobre amenazas, investigación continua y colaboración con expertos. La diferencia está en que las organizaciones comprendan esas dependencias, reduzcan riesgos innecesarios y mantengan el control sobre sus capacidades críticas de seguridad.

Las decisiones sobre arquitectura tecnológica no solo responden a criterios de seguridad, sino también de eficiencia. El costo de una plataforma no depende únicamente de la infraestructura, sino también de factores como la gestión de alertas, el análisis de incidentes, el almacenamiento de datos y la operación diaria de los equipos de seguridad. Por ello, las organizaciones buscan soluciones que reduzcan la complejidad operativa, automaticen tareas repetitivas y permitan a los especialistas concentrarse en las amenazas que realmente representan un riesgo. Una mezcla inteligente de recursos propios y en cloud trae una ventaja adicional: la flexibilidad de manejar los costos de ambas as soluciones de forma balanceada. Con el crecimiento acelerado de la IA, los costos de procesadores y memoria están también creciendo aceleradamente, entonces tener alternativas on-prem o cloud es ideal.

En la práctica, fortalecer la soberanía en ciberseguridad implica combinar capacidades avanzadas de protección con transparencia, flexibilidad y control. En el caso de Kaspersky, este enfoque se refleja en opciones de implementación tanto en la nube como on-premises, así como en su Iniciativa Global de Transparencia, que permite a clientes, socios y entidades gubernamentales revisar aspectos como el código fuente, las actualizaciones de software y los procesos de desarrollo.

En última instancia, la soberanía en ciberseguridad no consiste en alcanzar una independencia absoluta, sino en asegurar que las organizaciones comprendan, controlen y puedan confiar en las tecnologías de las que depende su protección. En un entorno donde la ciberseguridad se ha convertido en un activo estratégico para el negocio, contar con plataformas eficaces ya no es suficiente; también deben ofrecer la transparencia, resiliencia y control que exige el contexto actual. Siempre hay que recordar: se puede tercerizar las estructuras, las operaciones pero nunca la responsabilidad y la gobernanza.

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