Es muy triste escribir esta nota despúes de enterarme de manera tan intempestiva el fallecimiento de un amigo como Maurilio Hernández. Inmigrante de padres mexicanos y establecidos en Chicago, Maurilio fue desde chico (según me contaba) muy inquieto intelectualmente.
Según me comentó un amigo mutuo y ex compañero de trabajo Aaron Vanecek, Maurilio su primer trabajo fue recogiendo cebollas en el campo. Su misión era recoger todas las cebollas que no podía recoger el tractor que iba al frente, y fue allí donde aprendió su ética de trabajo.
Fue Tripp Lite (ahora compañía de EATON) donde comenzó a trabajar en tecnología. Desempeñó varios cargos, pero fue en ventas en donde destacó, llegando a ser uno de los mejores empleados de la compañía cuya existencia era de casi 100 años en ese momento. Allí tuvo contacto con toda latinoamérica, viajando incansablemente y posicionando a la compañía en varios países como líder en protección eléctrica. Según Vanecek, le compartió un día “yo no soy el mejor vendedor por ser el más inteligente, sino porque soy el que más horas trabajo y más llamadas hago” señaló.
Su vasta experiencia en Tripp Lite lo llevó años después a fundar su propia compañía, Chicago Digital Power (CDP), la cual ha tenido un crecimiento en la región y el mundo entero desde su fundación. Su interés en energía lo llevó no solo a proteger equipos y mantenerlos encendidos durante apagones, años después de fundada Maurilio expandió la línea de negocios hacia energía solar y sus derivados. Hoy en día, la compañía y sus productos se encuentran disponibles en varios países del mundo, pero siempre tuvo a Centro América dentro de sus territorios favoritos, tanto, que se mudó a Costa Rica hace más de 20 años.
Con el paso de los años, Maurilio se convirtió también en una referencia para muchos emprendedores del sector tecnológico en América Latina. Su historia, desde trabajar en el campo hasta construir una empresa con presencia internacional, era un ejemplo recurrente de perseverancia y visión. Para muchos distribuidores, integradores y colegas de la industria, Maurilio no era solo un proveedor o ejecutivo, sino un socio cercano que entendía el mercado y que siempre estaba dispuesto a compartir su experiencia.
Personalmente recuerdo mucho los debates en Channel Awards con respecto a sus equipos. Gracias a ello compartimos varios momentos y era alguien que se tomaba muy en serio estas competiciones. Su conocimiento en la materia era tan amplio que en las presentaciones los jueces, expertos en el tema, quedaban sorprendidos gratamente.
Maurilio fue de los primeros clientes y ejecutivos “internacionales” que tuve el gusto de conocer cuando ingresé al mundo de la tecnología. Visitó Guatemala y allí tuvimos nuestro primer contacto. Pese a mi corta edad, Maurilio tuvo la paciencia y confianza de explicarme su negocio, con lo cual yo publiqué uno de mis primeros reportajes. Y de allí cultivamos una gran amistad que creció con el tiempo. Fue uno de esos amigos que me enseñó mucho y que pese a la distancia y no hablar casi nunca, cuando lo hacíamos era como si no habría pasado el tiempo. Recuerdo que en noviembre pasado fue nuestra última conversación y se nos cortó por estar pasando en un tren en area de poca cobertura.
Más allá de los negocios y los logros empresariales, quienes lo conocimos recordaremos sobre todo su energía, su pasión por la tecnología y su forma directa y honesta de hablar de la industria. Maurilio pertenecía a esa generación de emprendedores que ayudó a construir el ecosistema tecnológico de la región cuando todavía estaba en formación, apostando por mercados y oportunidades que muchos otros no veían.
Muchas gracias por todo Maurilio y estoy seguro que el mundo IT perdió a un gran pionero del emprendimiento y referente que indica que con ganas, esfuerzo y dedicación se puede llegar a ser un líder en la industria. Mi más sentido pésame a la familia y amigos. Descansa en paz amigo.

